Viajes – Laura Montero https://test.laumonteroc.com Estrategias de Comunicación y Procesos Creativos Mon, 15 May 2017 21:37:20 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.7.2 https://test.laumonteroc.com/wp-content/uploads/2021/09/cropped-ico-lm-32x32.png Viajes – Laura Montero https://test.laumonteroc.com 32 32 4 cosas de Nueva York que me volvieron a enseñar sobre publicidad https://test.laumonteroc.com/4-cosas-de-nueva-york-que-me-volvieron-a-ensenar-sobre-publicidad/ Mon, 15 May 2017 21:37:20 +0000 http://laumonteroc.com/?p=2021 Todo mercadólogo o publicista debería viajar a Nueva York, no en el sentido turístico o recreativo, sino como la culminación de un ciclo de estudio, un curso o una especialización. Esto por la sencilla razón de que esta ciudad es la meca del mercado occidental tal como lo hemos conocido y conocemos. Viajar hasta allá es la forma de confirmar o ver en primera persona algo que hemos palpado antes por otros medios: el cine, la publicidad, la prensa, la moda, la universidad, la literatura, las marcas.

Nuestra percepción de este viaje nunca será inocente, ya está inundada de imágenes, olores y sonidos de Nueva York: una noche me desperté escuchando esa sirena que en tantas películas hemos escuchado, tan familiar como si yo viviera allá, una mañana crucé el Brooklyn Bridge y no alcazaba a retener la avalancha de escenas que se superponían a la escena de mi visión real, y vi a dos policías saliendo de Dunkin’ Donuts en plena madrugada con sus donas y cafés, lo que me sumió en una confusión cinematográfica fatal.

Pero esto es lo anecdótico, ahora vamos a lo nuestro. Si tu mundo se relaciona a la comercialización de productos y servicios, a las marcas y su comunicación, en fin, al desarrollo del comercio y la cultura occidental, es de presumir que tendrás muchas cosas que ver por allá. Te comparto las que se quedaron definitivamente grabadas en mi retina, en mi boca, en mi olfato y mente de animal publicista.

1. Diseño en punto de venta y consumo: En esta ciudad están las marcas más importantes del mundo, desde las retail hasta grandes marcas de moda haute couture. Admirar el diseño interior de las tiendas, el valor de la tienda física en la experiencia del cliente y cómo se consumen esas marcas en grandes ciudades, es algo que todo publicista debe experimentar. Desde la icónica Tienda Apple en la Quinta Avenida o Nike, hasta Tiffany & Co. o LOUIS VUITTON.

2. Los expertos en mercadeo: Cuando trabajaba en agencia tuve la oportunidad de desempeñarme como creativa senior para las marcas Taco Bell y McDonald’s. ¡Lo amé! Así que soy súper fan de conocer todas las marcas de comida rápida que pueda (eso no significa que sean fan de comer comida rápida pero sí de cómo se mercadean y publicitan). Los restaurantes de comida rápida, son másters en mercadeo, han inventado muchas formas de venderse y sus estrategias son un referente para nosotros, los publicistas, en cómo una marca debe mercadearse. En esta ciudad, podrás verlas a todas (y probar algunas, si querés!).

3. De la meca de las vallas publicitarias a la cuna de las agencias de publicidad: ¿Quién no ha soñado con tener un anuncio suyo en Times Square? o ¿Soñar despierto en que trabaja en Madison Avenue en la época de los sesenta? Para los que hemos leído cómo surgieron las redes de publicidad en Londres, New York, Chicago o Buenos Aires, caminar estas avenidas de Manhattan, es caminar por donde pensaron, discutieron, crearon y diseñaron los grandes publicistas de la época, por donde se vive y huele publicidad al 100%.

4. Generadores de experiencia: Todo lo que hagas en New York es una experiencia. Desde visitar una atracción turística, un museo, una avenida, hasta un diner. Todo está conectado con redes sociales, con un sitio web o un blog, con un afiche o una valla, con un vendedor, con un aroma, una canción o una imagen. Todo lo que haces está hecho para que vivas una experiencia. Cualquier contacto con una marca es una experiencia que estimula todos tus sentidos. Nada se escapa, ni el video de despedida que podés ver en el techo del ascensor cuando bajás del edificio Empire State, ni la efusiva bienvenida que te da la mesera de Ruby Tuesday.

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Lo que aprendí en 4 días sin Internet en La Habana https://test.laumonteroc.com/lo-que-aprendi-en-4-dias-sin-internet-en-la-habana/ Sun, 05 Feb 2017 23:39:53 +0000 http://laumonteroc.com/?p=1553 Hace un poco más de un par de años fuimos a la Habana, Cuba. No podíamos esperar más en conocer este enigmático enclave del Caribe. Justamente, hacia finales del 2014 Cubana de Aviación había reeditado su tradicional vuelo San José La Habana, lo que hacía muy fácil y rápido visitar la isla.

Nos fuimos un 26 de diciembre, montados en un Antonov, un avión Ucraniano que me hizo recordar las películas de la segunda guerra mundial. Poco antes Obama había manifestado su histórica intención de acercamiento, con el fin de ablandar las duras relaciones comerciales y diplomáticas aplicadas sobre la isla. Había otras expectativas que hoy parecen esfumarse. Pero mi entrada no es política.

Lo primero que me llamó poderosamente la atención fue la sencillez del interior del avión, la vajilla, la presentación de la comida que, aunque deliciosas, parecía haber sido empaquetada por tu mamá, la ropa de la tripulación, en buen estado pero con evidente tiempo de uso. Todo viejo, pero funcionando. Nada de tecnología disponible.

Al llegar al aeropuerto y tener las primeras vistas de la ciudad camino al hotel, fue increíble para mi entender que con solo volar 3 horas, sin salir de la región, me hubiera transportado a otro tiempo de la historia de la humanidad. La Habana se quedó donde comenzó su régimen revolucionario: hermosa, vieja, neoclásica, romántica, desactualizada, como sacada de algún pasaje de tanta buena literatura a la que dio inspiración. Y mi viaje recién comenzaba.

4 dias sin internet

Nuestras vidas, nos guste o no, estemos allí más o menos tiempo, tienen una dimensión digital, pues la transformación digital del mundo nos va alcanzando inexorablemente a todos. Pero en la Habana, por esos días (supongo que hoy no será muy diferente), era muy difícil conectarse a Internet, y lo que es a todas luces un gran retraso para la economía, la cultura y la sociedad de la isla, fue para mí el ingrediente que hizo posible uno de los viajes más intensos de mi vida. Pueden seguir el perfil de Yoani Sánchez para tener una dimensión más completa de lo que les cuento con respecto a Internet y la libertad de expresión.

Cuando entendí que conectarme a Internet me llevaría mucho tiempo en cada parada, o incluso sería infructuoso intentar tener conexión en la mayoría de los sitios que visitábamos, apagué mi teléfono. Entonces me sumergí en lo más profundo de la Habana, en los libros de los puesto callejeros, en sus bares bohemios, tomando cuantas fotografías quisiera con mi cámara sin tener que publicarlas al instante, concentrándome en cada detalle, en cada sensación que experimentaba.

Después de muchos años de tenerlo como el apéndice electrónico de mi mano, olvidé mi teléfono en la valija. Para llamar a mi familia utilicé el teléfono fijo del hotel, les dije que todo iba bien pero que no habría actualizaciones por Whatsapp, ni mojitos por Instagram, ni los idílicos atardeceres del Malecón por Facebook. Sin embargo, cada vez que tomaba una de esas fotografías sentía la pulsión irrefrenable de compartirla, pero igual a las ganas de fumar del ex fumador reciente, en un par de segundo se me pasaba, y todo seguía normal.

Tiempo después hice un retiro de Yoga en Montaña Azul y apliqué la misma metodológica, aquí ya con un plan consistente y la guía especializada de Nango Murray. Ya podía entender el beneficio de la desconexión, entender que una conexión útil no necesita ser permanente.

Estamos inmerso en un mundo que nos está dividiendo el tiempo entre el momento vivido y la necesidad de compartir el momento, entre el adentro y el afuera de la pantalla, cada vez más integrados por cierto. Poder hacerlo tiene sus ventajas (económicas, sociales, culturales, familiares), pero pensar en el modo de hacerlo creo que nos puede ayudar a hacerlo mucho mejor. Eso aprendí yo en La Habana.

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Escalante, un barrio caminable de San José https://test.laumonteroc.com/escalante-un-barrio-caminable-de-san-jose/ Tue, 31 Jan 2017 22:34:19 +0000 http://laumonteroc.com/?p=1532 Hace unos 7 años me mudé con mi pareja, Fede, a las inmediaciones de Barrio Escalante, un apartamento viejo en un enclave alternativo en las fronteras de Los Yoses y La Cali, que muy bien aprovechábamos en los inicios de nuestro proyecto familiar, con más tiempo y juventud para gastar que nunca.

Sin embargo caminábamos mucho por Escalante, y justamente nuestra caminata solía iniciar por la calle de lo restaurantes, el actual Paseo Gastronómico la Luz, cuando solo había unos pocos pioneros gastronómicos regados por allí, bastante disimulados en el barrio. Lo llamábamos entonces el mini Palermo Hollywood, en alusión a este barrio de Buenos Aires que conocimos en nuestra improvisada luna de miel.

En esas caminatas siempre hablábamos de la buena ubicación del barrio, de las casas grandes, las calles amplias, en fin todo lo que otros con visión comerciante capitalizaron años después.

La apropiación de los barrios céntricos y tradicionales de las grandes ciudades no es un fenómeno nuevo, y parece seguir la lógica de convertir lo anacrónico en negocio. Un modelo de vivienda que ya no resiste habitabilidad residencial por sus dimensiones, más la presión inmobiliaria del precio de la tierra parece estar destinado a ser un emprendimiento rentable o a desaparecer.

Pero hay algo más que esto, y esa percepción de lo evidente que casi siempre se nos escapa o dejamos escapar y que venía de esas caminatas que hacíamos con Fede apenas nos mudamos. Escalante es un barrio con aceras, un barrio caminable.

Esa caminabilidad no sólo dio pie a uno de los principales polos gastronómicos de la ciudad, sino a uno de los festivales de gastronomía más tentadores y completos de la ciudad. Un auténtico festival donde ya no sólo se disfruta de la buena comida en la calle, sino donde convergen el arte, la cultura, las marcas comerciales, los proyectos inmobiliarios de la zona, entre otras novedades. Hasta un cine al aire libre podemos encontrar hoy en Escalante.

Hoy tenemos una niña de 1 año y nos mudarnos un poco más hacia el este, subiendo hacia San Pedro, en busca de un mejor espacio para nuestra vida familiar, sin embargo solemos llegar hasta Escalante a respirar esa sensación de espacio de urbano transitable, cochecito de bebé incluido. En una ciudad inconexa e injusta para los amantes de las caminatas, este mini paseo cosmopolita nos da una gran alegría.

Y vos ¿qué lugar de la ciudad me recomendarías para dar un paseo?.

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